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Columnas

Sur: El poder y sus conflictos: Anotaciones

La relación política entre norte y sur de Sonora siempre ha sido complicada, tensa y envuelta en dilemas. No ha sido gratuito; tiene su historia.

Quienes simplifican la historia, ubican casi siempre el problema como una expresión del ánimo colectivo de la gente del sur. No ha sido así.

Desde la fundación de Sonora como Estado, la federación siempre quiso someter a las etnias y para ello utilizaba a los poderes estatales, que de inmediato la emprendían principalmente contra los Yaquis en el sur y los apaches en el norte. Los hostigaban, perseguían y buscaban acabar, a nombre del sometimiento a las leyes federales y estatales. Con esa cantaleta proliferaron los abusos, la violencia y los excesos de poder.

Los apaches desaparecieron y acabaron replegándose hacia en el Norte y otras entidades. Sus historias nos aparecen como lejanas y son recurrentes en los municipios serranos del norte y los limítrofes con Chihuahua. El gobierno americano los sacó de sus dominios y terminó por enviarlos a las pantanosas e incómodas tierras de la Florida.

Los Yaquis nunca cedieron y se asentaron en su territorio donde históricamente resistieron, desde los intentos de colonización de los españoles hasta las crueles deportaciones a Yucatán, que se realizaran en el gobierno de Porfirio Díaz.

José María Maytorena, gobernador amigo de ellos los llevó a una audiencia con el presidente Madero en 1912. Lázaro Cárdenas, presidente solidario con su causa, logró la restitución y el reconocimiento de su territorio que les había sido secuestrado por autoridades y particulares. Los recibió también el presidente Adolfo López Mateos, y Ernesto Zedillo los visitó en 1997. Siempre en el debate, siempre en la discusión, el problema Yaqui  ha estado en la agenda de los gobiernos federales y estatales.

Con el tiempo, las tensiones se vieron acompañadas de la codicia y las ambiciones: en el sur están las mejores tierras, y el afluente que tiene agua todo el año -a diferencia del resto de los ríos del estado- como es el Río Yaqui, que nace en el estado de Chihuahua.

La relación política entre el sur y el norte de Sonora empezó a estabilizarse a partir de la creación de nuevos municipios y del surgimiento de figuras políticas que encarnaban aspiraciones y demandas regionales.

Pero realmente, ¿cuándo empezó a mejorar la relación entre el Sur de Sonora y los gobiernos del Estado?

Fue cuando Faustino Félix Serna se vinculó a la campaña de Luis Encinas Johnson para el gobierno del Estado en 1961, cuando la mayoría de sus ex colaboradores como aspirante lo habían abandonado (a Encinas) alegando que la decisión se había tomado ya en favor de Fausto Acosta Romo (lo que era cierto), pero que al final (y repentinamente) cambió a favor del rector de la Universidad de Sonora, que gobernó el Estado entre 1961 y 1967.

De 1961 en adelante, cuando Félix Serna inicia su período como presidente municipal de Cajeme, las cosas se empezaron a estabilizar en el municipio y regresa al sur la llamada normalidad democrática. A partir de ahí ya no volvieron a crearse consejos políticos -en Cajeme-, como antes.

A mediados del período de Encinas, el conflicto se presenta más al sur cuando en 1964 es asesinado el dirigente campesino Manuel “Chonte” Barreras en Huatabampo, y son destituidos los presidentes municipales de Huatabampo (Martín Larrauri), Etchojoa (Fidencio Trinidad Valenzuela) y Navojoa (Servando Monsiváis Martínez), en una ola de cobro de facturas por motivos nimios que reflejaron una real crisis política.

¿Y la alternancia de partidos?

En 1946 llegó por primera vez la alternancia (real) a Cajeme con la victoria municipal de Vicente Padilla del Partido Popular. En 1979 volvió a ganar un partido opositor al PRI (PAN) Adalberto Rosas López y en 1997 el PRD. La alternancia municipal llegaría en 1997 también a los municipios de Huatabampo, Álamos Etchojoa, Navojoa y Bácum, y después a los de reciente creación como Benito Juárez y San Ignacio Río Muerto.

¿Y los conflictos experimentados entre 1937 y 1958?

Las luchas sociales y políticas (agrarias, sindicales ayuntamientos, irrigación etc.) no pararon y enfrentaron las ideas y los criterios que tenían los gobernadores. Una relación política fatal con el gobernador Román Yocupicio a decir de Corbalá Acuña:[...] “ por los desplantes, las arrogancias y las poses melodramáticas a que era tan propenso Yocupicio, consecuencia de su incultura y sus insuficiencias”. Con Anselmo Macías no lograron entenderse y ni siquiera volteó para allá, a excepción de la construcción de la carretera de concreto de Navojoa a Huatabampo. Con Abelardo Rodríguez no se entendieron por diferencias graves de orientación política, y menos son sus sustituto Horacio Sobarzo -que entre sus credenciales tenía la de haber sido fundador del PAN en 1939 y tenía sus ideas en materia educativa, agraria y sindical-. Decía Abelardo Rodríguez: “No me perdono lo injusto que fui con mis verdaderos amigos en Sonora, a los que no di el trato ni las oportunidades que debía”[...]“Me valí de mediocres, ingratos y malagradecidos y de gentes incapaces y buenas para nada, para que me auxiliaran”.[...] “A excepción de Sobarzo y unos cuantos amigos leales, el resto eran oportunistas y lambiscones que se volvieron mis enemigos y enseñaron el cobre desde el momento mismo que dejé el Gobierno”.

Con Ignacio Soto hubo enfrentamientos que no amainaron, a raíz de la candidatura al gobierno estatal de Jacinto López del Partido Popular. Álvaro Obregón Tapia enfrentó serios problemas políticos que no pudo resolver y tuvo la ocurrencia de inventar reformas que inhibían la participación de los habitantes del valle en la integración del Ayuntamiento, bajo la exigencia de haber nacido en el municipio, cuando la generación que disputaba el poder había nacido entre 1900 y 1913 y Cajeme se había fundado apenas en 1929.

Aquí cabe hacer la anotación que los primeros alcaldes nacidos en Cajeme fueron Adalberto Rosas de Pueblo Yaqui (1979) y Faustino Félix Escalante de la cabecera municipal (1991).

¿Una tensa y difícil relación de siempre entre sur y norte?

Más que entre sur y norte, las complicaciones eran siempre entre la gente de los valles del Yaqui y Mayo, siempre con mayor combatividad política e ideológica y muy maltratados por el porfiriato, pero con aportaciones reales a la lucha revolucionaria a través de su máximo exponente Álvaro Obregón.

¿Otros casos específicos?

Los repartos agrarios; la fundación de sindicatos; la administración de las aguas; la introducción del Seguro Social; las decisiones políticas en los municipios; la lucha por el poder del Estado; las luchas sindicales y agrarias; la división de la CTM en lo nacional, que dio lugar a una escisión de donde nació la UGOCM -que repercutió en Sonora-; la fundación de la CTS (después CROC), que trató de dividir a las organizaciones obreras; las alternancias en el poder municipal con otros actores políticos: y al final avanzado el siglo XXI, la lucha por el agua de la presa El Novillo, que enfrentó al gobierno estatal del PAN con la gente de los valles del Yaqui y Mayo, comenzando en 2010 con el anuncio de la construcción del acueducto Independencia que diera lugar a numerosos melodramas políticos de un ejecutivo estatal-complicidades aparte- encaprichado por derrotar a la gente del Sur con sus acciones políticas de las que destacaron aquellos seis desplegados a plana entera de agosto de 2012 donde concentraba lo que a su juicio eran las verdades; Jurídica, Social, Económica, Política, Técnica e Histórica (sic) para combatir a esa “enfermiza oposición”(sic): “No me detendré ya más en señalar, uno por uno, persona por persona, de frente y sin rodeos, los intereses políticos y partidistas que persiguen quienes financian, operan y respaldan este supuesto movimiento social” (sic)

La historia registra otra cosa, y el tiempo le dio siempre la razón moral y política a la gente del Sur, que nunca renunció a su lucha a pesar de las amenazas, las persecuciones, la violencia y las presiones.

¿Con efectos políticos concretos?

Sí. El PRI recuperó en 2012 el ayuntamiento de Cajeme que había perdido con el PAN en 2009. El presidente Peña Nieto recibió de Cajeme el 42% de los votos con que derrotó en Cajeme a Josefina Vásquez Mota. A la fórmula del senado en ese año (Pavlovich-Gándara), Cajeme le aportó 34 mil votos de diferencia (la fórmula ganó por 29 mil a nivel estatal) y de los 61mil votos de diferencia entre Claudia Pavlovich y Javier Gándara en la elección del 2015 Cajeme aportó 36 mil. Toda una demostración de la crisis de relación política y el hartazgo de la gente del Sur con el PAN y el gobierno para aquellos que siempre sostuvieron que el Sur estaba dividido.

¿Y ahora?

Se advierte una nueva relación entre el Sur y el gobierno estatal basada en el diálogo y la inclusión. La protesta sigue, pero ha bajado de nivel y todavía existen pendientes jurídicos y faltan muchas respuestas en materia de desarrollo social y lucha contra la pobreza. Guaymas enfrenta una triple crisis; Moral, política y financiera sin que se advierta una salida. Cajeme no ve la puerta en materia de endeudamiento con implicaciones en la marcha del gobierno municipal. Etchojoa, Álamos y Huatabampo requieren de replantear su modelo de desarrollo agrícola porque se están despoblando. Sus migraciones -sobre todo de jóvenes-hacia las fronteras y los Estados Unidos se han incrementado en forma alarmante por falta de empleo y oportunidades, y no tardan en estar como los municipios de la sierra. Pueblos pintorescos y atractivos, pero con la mayoría de sus casas vacías. El problema, dicen los vecinos, es que ya experimentaron con todos los partidos políticos, y ninguno ha tenido las respuestas adecuadas a las crisis. Les ha faltado creatividad, imaginación, visión y unidad. No todo es el dinero pues.

¿Y en el asunto del agua?

Dice el investigador José Luis Moreno Vásquez del Colegio de Sonora en su documentado análisis del conflicto (Despojo de agua en la Cuenca del río Yaqui):“La violación sistemática de las resoluciones judiciales federales por parte del poder ejecutivo estatal en la construcción y operación del Acueducto, junto a la debilidad del gobierno federal en materia hidráulica, permiten concluir que es un despojo institucional de agua”. “La lentitud de las resoluciones en favor de los quejosos abonó la presencia de lo que denominamos “justicia del hecho consumado”. “Así mismo la falta de cumplimiento de las resoluciones en favor de la tribu Yaqui y el acatamiento inmediato de las disposiciones en favor del municipio de Hermosillo permiten concluir que es también una justicia selectiva”. En síntesis.

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