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El precio de la clase dorada local: Aproximaciones

Ella fue legisladora local y desde el principio fijó las reglas de su propia negociación, sabiendo que su voto era el indispensable para decidir el producto legislativo. Vendió caro su amor. Todo el apoyo al gobierno del PAN a cambio de prebendas. ¿Cuáles? Dinero en efectivo cada mes, disfrazado de apoyos sociales, y chambas en el gobierno para un numeroso grupo de allegados, incluidos algunos parientes directos.

¿A cambio de qué? Todo el apoyo a las iniciativas panistas, incluidos los asuntos más absurdos o los de mayor polémica o compromiso para el Estado y el Gobierno.

Su dirigencia al principio la vio con desdén, después con preocupación por los señalamientos en la opinión pública. La denunciaron en algunos foros y al final les ganó la batalla en tribunales y terminaron por dejarla en paz. Fueron los mejores años de su corta carrera política. Debut y despedida, pero con las alforjas llenas y un cambio radical en estilo de vida en lo material. Los costos los pagó su partido, símbolo de la decadencia de una oposición política degradada que resiste su propia supervivencia.

¿Problemas de conciencia? Ninguno. Sus compañeros de partido que la antecedieron en la Legislatura también hicieron lo mismo y, sin rubor alguno, los primeros tres años “cobraron con la derecha lo que hicieron con la izquierda” asumiéndose después, empleados del gobierno que se fue.

Tres fueron los principales diputados locales de la “oposición” mayoritaria (PRI) que fingieron oponerse al gobierno Padrecista. Simulación pura.

Sin pizca alguna de lealtad, le permitieron al gobernador panista imponer a un magistrado del Supremo Tribunal de Justicia que no llenaba los requisitos, también -incluso-, que se simulara el arribo a tiempo de la propuesta de nombramiento y la metieron (contra el reglamento) la misma mañana que llegó al Congreso. Cedieron -a cambio de prebendas- al nombramiento de un oficial mayor de Gobierno (Carlos Tapia), sin reformar previamente la Ley Orgánica del Poder Ejecutivo; permitieron la injerencia oficial en el IEE y PC y en el Tribunal Electoral; ampliaron sin chistar por cuatro años más la -controvertida de origen- presidencia de la Comisión Estatal de Derechos Humanos y negociaron la ampliación del Tribunal de lo Contencioso Administrativo  para que el gobierno panista se despachara con la cuchara grande, para lo que pudiera ofrecerse en el futuro. Le autorizaron también al Ejecutivo los presupuestos anuales, sin debate, mucho antes de que terminara cada año fiscal,; y dejaron pasar una Ley de Educación, contraria a la reforma educativa del presidente Enrique Peña Nieto (de su mismo partido). También soslayaron la reforma constitucional respectiva, entre otras.

¿A cambio de qué? También de dinero en efectivo, espacios en el Gobierno y canonjías políticas para atajar denuncias de irregularidades en el manejo de responsabilidades municipales que a algunos los alcanzaban.

Justificaciones -de ellos- van y vienen, pero no terminan de explicar en distintos foros el origen de sus fortunas y su radical cambio de vida por solo tres años de acción política en el Congreso local, mientras buscan acomodos en el nuevo gobierno. ¿Problemas de conciencia? Su modernidad los inmuniza.

Él, fue militante del PRI, dirigente sindical y regidor de un municipio grande en otra época. Le tocó entrar al Congreso local vía representación proporcional por un partido, que aglutina a una mayoría importante de sus compañeros de profesión. Desde el principio fijó las reglas: Negociación con el gobierno del PAN y aprobación de todo, empezando por la negativa de aprobación a los cambios en los artículos 3 y 73 constitucionales de la reforma educativa y aprobar una Ley de Educación para Sonora al gusto de la organización. ¿A cambio de qué? Dinero en efectivo disfrazado de apoyos para obras sociales, y chambas para allegados en puntos estratégicos. ¿Problema de Conciencia? Ninguno, ¡negocios son negocios! Ahí queda el comportamiento político y la negociación personal para la posteridad y el consecuente juicio de la historia… ¡Faltaba más!

Él, se la da de empresario importante (bloff) y cabildero (interesado) con el Poder para conseguir beneficios personales. Con el PRI jugó varias cartas políticas en función de su interés económico. Después, y al ganar el PAN la presidencia de México, buscó ligarse a personajes importantes de ese partido y lo logró. Fue dirigente empresarial, legislador y cabildero del gobierno panista de Sonora en algunas obras de controversia. Seguido le zampaba al gobierno estatal la venta de diversos bienes y servicios de su propia empresa o de sus socios. En la campaña del 2015 coqueteó con el PRI y con el PAN y le fue midiendo la temperatura al agua política y al avance de las campañas, sin dejar de percibir los beneficios que siempre le aportó el gobierno del PAN y sin definirse totalmente, para tratar de confundir.

Ahora le reclama al nuevo gobierno espacios para él y que le sostengan los mismos privilegios de venta de bienes y servicios. ¿El pasado? Ahí está, y se le considera uno de los defensores del gobierno que se fue (lo afirman los que se fueron). ¿Problema de conciencia? Ninguno ¿De moral pública o privada? Mucho menos. ¿Para qué son entonces las relaciones nacionales y locales hechas al calor de la complicidad? ¡Lo del agua al agua!

Él, es un experimentado líder sindical de la burocracia que ha sabido sortear los vaivenes de la política, a veces sin despeinarse. Jaló con los panistas del gobierno pasado en los temas de controversia y apoyó directamente a un familiar muy cercano, que fue funcionario importante allegado al grupo en el Poder del PAN. Muy rico ahora, ha sabido sacarle raja a la dirigencia que ostenta por partida doble. Tiene 20 años sin trabajar directamente su plaza, por sus ocupaciones de dirigente. Tiene a su disposición más de 100 comisionados con plaza del gobierno -que deberían de estar trabajando en sus trincheras laborales- y que le cuestan (al Estado) por concepto de salarios más de 3 millones de pesos mensuales- en la organización sindical. Las comisiones incluyen a familiares directos y amigos, que a la vez que gozan del sueldo que les aporta la comisión sindical, también se desempeñan como funcionarios en dependencias estatales y federales, afectando por partida triple el presupuesto de las ya de por sí castigadas y  exiguas arcas oficiales. ¿Problema de conciencia? Ninguno ¿Con la Contraloría? Tampoco ¿De moral pública? No le alcanzan a llegar las definiciones en esa materia.

Él, fue un funcionario estatal mediano en el pasado. Logró, vía tráfico de influencias, apoderarse de terrenos, ranchos y casas. Colaboró después en lo federal con los gobiernos del PAN e hizo importantes conexiones para ligarse a importantes proyectos empresariales y la construcción de obras. En el pasado inmediato, aprovechando la recomendación de algunos de sus amigos con el gobierno del PAN, logró que le rentaran algunos edificios de su propiedad a precios exorbitantes para las finanzas del Estado, donde se albergan algunas oficinas públicas que todavía ahí operan. ¿Problema de conciencia? Ninguno. ¿Con los partidos? Menos. ¡Faltaba más!

De origen muy humilde y nacido en la sierra del sur de Sonora, nunca imaginó llegar a la cúspide de la dirigencia sindical donde militó los últimos años de su carrera política. Cuando llegó al Poder, se le subió y empezó a desconocer orígenes, amigos y cercanos, que en un tiempo le ayudaron a llegar. Como dirigente hizo alianzas con el gobierno del PAN y no dudó en  desconocer incluso a sus propios compañeros de clase (social), a nombre de los compromisos adquiridos con el gobierno panista, que lo utilizó hasta la saciedad para enviar a cada rato mensajes políticos. Lo “obligaron” a tomarse fotos con los candidatos panistas cuando todo mundo le alertaba de que su organización sindical era plural; lo exhibieron en mítines y reuniones políticas apoyando a liderazgos de ese mismo partido queriendo con eso presumir apoyos políticos. Se le negó -incluso- a amistades y compañeros de lucha. Fue el responsable directo del proyecto de ley educativa aprobada por la legislatura local pasada, que acaba de anular la Suprema Corte de Justicia mediante controversia constitucional. Al inicio del nuevo gobierno estatal, lo recomendaron para que ocupara un puesto público  de mediana importancia en el organigrama. Ahí permanece sin rubor alguno y como si nada.¿Problemas de conciencia? Ninguno. ¿Problema moral? Para él también, al parecer la moral...es un árbol que da moras. ¡Alianzas, dinero y disciplina matan convicciones! ¡Faltaba más! ¿Qué no?

Él fue un conocido sacerdote con licencia, popular en algunos medios de comunicación. No tardó en subirse al carro del gobierno panista, que lo utilizó para tratar de lavar conciencias, con un puesto mediano en el gobierno desde donde organizaba cursos de moral social y (¡Ay!) de la siempre imprescindible autoayuda a la que es tan proclive y a la que el gobierno del PAN-sin el proyecto cultural que nunca han tenido-(¡faltaba más!) tanta importancia le da para tratar de explicarse el mundo.

Nunca los criticó, nunca los señaló y siempre lo premiaron. ¿Conflicto existencial? Ninguno. ¿Malestar espiritual? Menos. ¿Crisis de conciencia? ¡Que ocurrencias!

Son muchos los ejemplos que se pueden dar de la llamada Clase Dorada sonorense -auténtica rémora para el Estado-, que sin despeinarse ni trabajar goza de prebendas y exige cuotas. Esa clase dorada se encuentra en distintas trincheras (política, sindical, empresarial, medios, religiosa y partidista) y ocupa numerosos espacios que a diario presionan a las instituciones públicas exigiendo prebendas y tajadas cada vez mayores.

¿Cuánto le cuesta a Sonora su Clase Dorada? ¿Qué aporta?

Con cerca de 400 ejemplares que la conforman y distribuidos estratégicamente en el Estado, la clase dorada local es un lastre para la entidad y uno de los  obstáculos para el desarrollo.

Adam Smith los definió: “Se aseguran de que sus intereses reciban un trato preferente, por muy gravosas que resulten las consecuencias para los demás, incluido el pueblo”.

Sus ganancias son primero y sienten obligación de que se pacte con ellos. ¿A cambio de qué? De nada. Por alguna razón los gobiernos cargan con ese pesado fardo. Son hábiles para convencer y corromper a quien se deje, No arriesgan y siempre ganan; alimentan la corrupción y no invierten ganancias, solo especulan; no desarrollan, transan; y no apoyan, condicionan. Para ellos, la política es sólo un negocio redondo sin correr... ¿Los riesgos de manejar ideas o luchar por alguna causa social? ¡Ni al caso! ¡Para eso están los profesionales de la política! Esos que en algunas ocasiones vergonzosa, pasivamente y sin chistar, aparecen como sus servidores y rehenes. ¿También en este caso estamos a tiempo?... Ojalá

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