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Columnas

DE FRENTE Y DE PERFIL: PLAN “B” PRIISTA

RAMÓN ZURITA SAHAGÚN

Ahora que los priista se atreven a hablar de Plan A y Plan B y rechazan que exista el segundo, ya que hasta el Presidente Enrique Peña Nieto, niega dicha existencia, se menciona que se gesta el Plan alternativo o B en el caso de la sucesión presidencial.

La lista de los prospectos priistas es muy clara, unos auto promoviéndose y otros introducidos por el carácter de su responsabilidad y por ser evidente que se encuentran en esa ruta.

Los secretarios de Gobernación, Miguel Ángel Osorio; Relaciones Exteriores, Luis Videgaray; Salud, José Ramón Narro y el gobernador mexiquense, Eruviel Ávila, son los verdaderamente sembrados en esa ruta.

Otros como el secretario de Hacienda, José Antonio Meade, no tiene militancia en el partido tricolor. El secretario de Educación Pública no creció lo suficiente como para competir por la nominación. La diputada con licencia Ivonne Ortega inició con mucho entusiasmo su búsqueda y se quedó estancada. El presidente del PRI, Enrique Ochoa, solamente él se ve en la disputa de la candidatura. Manlio Fabio Beltrones, se quedó atorado en su fracaso como dirigente del PRI.

Otros como el gobernador de Campeche, Alejandro Moreno, todavía no alcanzan el crecimiento requerido, aunque podría enfilarse en la siguiente. De los demás gobernadores priistas no se aprecia alguno que tenga los arrestos necesarios para competirle a los mejor posicionados.

Es por eso que los priistas echaron a andar su estrategia para sacar a la luz pública a otro de sus emblemas.

Se trata del coordinador de la bancada priista en el Senado de la República, Emilio Gamboa, a quien empezaron a medir en cuanto a sus posibilidades.

De Emilio se sabe que es el priista más longevo de la actualidad y que es un sobreviviente desde el período presidencial de Miguel de la Madrid, cuando se convirtió en un político poderoso.

Historias de sus alianzas hay muchas, una fantasiosas, pero la mayor parte de ellas ciertas y sus relaciones escalan todos los niveles.

Se cuenta que él fue quien le abrió las puertas de Los Pinos a Carlos Salinas de Gortari y que en agradecimiento lo paseó por todos los niveles de la administración pública.

Inicio como director del INFONAVIT, siguió como director de FONATUR, pasó por el IMSS, después de Lotería Nacional, y culminó como secretario de Comunicaciones y Transportes, donde forjó sus grandes relaciones con los medios de comunicación, especialmente los electrónicos.

En el sexenio de Ernesto Zedillo fungió como subsecretario de Gobernación y después fue uno de los coordinadores de la fracasada campaña presidencial de Francisco Labastida Ochoa.

Después de ello, Gamboa probó suerte en los cargos de elección popular, aunque no por la vía del sufragio directo, sino por la de representación proporcional, consiguiendo ser Senador de la República, diputado federal (coordinador de su bancada) y nuevamente Senador de la República (coordinador de los senadores). En el inter fungió como líder del sector popular del PRI, catalogado como casi inexistente.

Emilio es una carta emergente del PRI que en cualquier momento podría iniciar con el respaldo de sus compañeros.

A su favor opera el que mantiene relaciones sólidas con todos los sectores de su partido, desde el Presidente de la República, pasando por gobernadores, diputados y senadores, secretarios del gabinete, dirigentes sindicales, empresarios (dentro y fuera del partido), intelectuales y con los otros partidos.

Se afirma que es un buen negociador, por lo que operó favorablemente los principales acuerdos para sacar adelante las reformas presidenciales y otras iniciativas no prioritarias.

Gamboa es reconocido por tender puentes en todos los niveles y dentro y fuera de la actividad política, lo que generó sus amarres de todo tipo.

Él, dicen sus allegados, sería un extraordinario convocante a la unidad en torno al candidato del PRI,

Sin embargo, sus detractores aseguran que Emilio Gamboa no sería capaz de ganar siquiera la casilla de su cuadra, lo que está ejemplificado en que sus tres participaciones en el Congreso de la Unión, han sido por la vía de la representación proporcional, ante el riesgo de que perdiera la elección.

Se afirma que fue de los pocos que vio venir la derrota de Francisco Labastida Ochoa en su candidatura presidencial, por lo que prefirió asegura un sitio en el Senado de la República.

Otros señalan que Emilio es mejor con el celular que con la pluma o la oratoria, requisitos que le harían falta, más el segundo que el primero, para una competencia electoral.

Le gusta estar alejado de los escándalos, aunque dos de ellos lo exhibieron y serían magníficos argumentos para sus opositores en una competencia por el voto.

Uno de ellos era el acercamiento y un posible involucramiento con Marcela Rosaura Bodensted, quien fue señalada por eventuales relaciones con miembros de la delincuencia y el segundo por unas conversaciones que le fueron grabadas con Kamel Nacif, un personaje que fue considerado como parte de una mafia de la pederastia.

De ambos asuntos salió ileso Emilio Gamboa y al poco tiempo se fueron diluyendo en la desmemoria ciudadana.

La leyenda de Gamboa Patrón es sumamente amplia y abarca muchos capítulos, ya que son cerca de 40 años que ha pasado Emilio convertido en uno de los personajes claves de la política nacional, sin importar el partido o siglas que gobierne en la Presidencia de la República.

De ahí que el nombre de Emilio Gamboa se sume a los ya mencionados entro de la reducida lista de prospectos priistas con verdaderas posibilidad de convertirse en el candidato presidencial de ese partido.

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