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Columnas

Cuestión de debate. La empatitis técnica

1543 anaya y amlo 620x350Una vez que el domingo pasado terminaron las precampañas políticas presidenciales, como también la que correspondió a la Ciudad de México, mismas que duraron dos meses, inmediatamente vino una andanada de declaraciones apresuradas por parte de algunos precandidatos, en el sentido de que lograron alcanzar el empate técnico con el puntero, Andrés Manuel López Obrador; de igual forma, Alejandra Barrales, en su cierre de precampaña local, manifestó que había alcanzado a la precandidata de Morena, Claudia Shienbaum. Es decir, a bote pronto y con puras cuentas alegres hicieron su propio balance.

Sí, Ricardo Anaya, al culminar su precampaña en Veracruz, expresó de forma fanfarrona a los medios de comunicación que ya se encontraba en empate técnico con AMLO. Como quien dice, había logrado la hazaña de alcanzarlo, claro, según él, pero sin que jamás lo haya demostrado en algún momento. Por su parte, el priista, Meade, llegó al final de su precampaña, en un acto en Tlanepantla, todo atribulado y confundido por los intentos reales que hay al interior de su partido  que pretenden sustituirlo, en razón de que les preocupa que no levanta, porque su discurso nomás no convence, no despierta ánimo ni interés, por lo que fue el deslenguado del dirigente priista, Enrique Ochoa, quien cínicamente, entre otras cosas desastrosas, externó que su candidato llegó en empate técnico con Andrés Manuel. Esto, puro estilo charlatán, habladurías baratas, queriendo nada más sorprender, como si no se supiera el rechazo que hoy  en día existe hacía su partido.

Pero como no queriéndose quedar atrás y para hacerles el tercio a ellos respecto a  sus declaraciones ligeras, Barrales, en su cierre de precampaña en el ámbito de la competencia por la Ciudad de México, también vertió lo suyo, bajo esa la misma tónica mentirosa y falsaria, al expresar que ya estaba en empate técnico con su adversaria Claudia Sheinbaum, quien va por el mismo cargo.  Sin embargo, también coincidió con aquellos, en el sentido de que eso no lo demostró, ni tampoco dio a conocer elemento alguno que respaldara su señalamiento, por lo que ni su equipo cercano de colaboradores le creyó que tan solo haya acortado la distancia que la separa de la morenista.

Ante ello, con sus respectivas declaraciones, lo único que demostraron, tanto Anaya como Ochoa a nombre de Meade, que implícitamente están reconociendo que no fueron capaces de alcanzar AMLO, y que por el contrario, éste les lleva una considerable ventaja en preferencias electorales, porque si de verdad hubieran logrado el empate técnico pregonado, entonces, por la estrategia turbia y engañosa con la que suelen manejarse, se hubieran ido más arriba, es decir, de forma triunfalista hubieran cantado a voz en cuello que ya lo habían rebasado. Lo cual no sucedió, y tal pareciera que ni siquiera un milímetro lograron reducir la diferencia que les lleva el precandidato de Morena. Entonces, su balance de precampaña resulta ser falso, más cuando los datos objetivos emanados de encuestas demuestran que están muy lejos de alcanzar el nivel de lo que es un empate técnico. Sucede lo mismo con Barrales, simples declaraciones que no tiene efecto político alguno, porque no existe su empate técnico mencionado, y que la única que estaría engañándose sería ella, porque a nadie más podría convencer con sus falsas declaraciones que hizo al cierre de su precampaña, circunstancia que implicaría que tan solo pretendió ocultar su carencia de competitividad. Mientras tanto, habrá que destacar que los adversarios de Morena, coincidentemente a falta de argumentos válidos, les dio por declarar lo mismo, es decir, pronunciarse por una empatitis técnica inexistente. Lo veremos.   

Pálida tinta: Dirá Meade, ya no me ayuden compadres o con estos amigos para qué quiero enemigos. Esto por el espinoso berenjenal en que se metió Mikel Arreola, al desempolvar temas polémicos, pero plenamente ya debatidos y plasmados en la Constitución de la Ciudad de México. Sí, la referencia es al consumo de mariguana y a los matrimonios igualitarios en esta Capital del País, al manifestar que no estaba de acuerdo en ello, levantando inmediatamente gran revuelo de críticas. Ahora seguro quiere sacarse alguna espinita de ese berenjenal, invitando a debatir sobre estos delicados asuntos a sus adversarias Claudia Sheinbaum y Alejandra Barrales, a ver si de casualidad también se dan un pinchazo, de lo cual mejor debería  de asesorarse con el Presidente Enrique Peña Nieto, quien por tocar uno de estos temas controversiales, previo a las elecciones del 2015, ya no sentía lo duro sino lo tupido por tantos estados que en ese año electoralmente perdió el PRI……….Quizá el consuelo de Mikel Arreola, será que su líder priista, Enrique Ochoa Reza, casi al mismo tiempo también metió la “pata” hasta dentro, como se dice coloquialmente, al quererse hacer el gracioso por llamar “prietos que ya no aprietan” a los priistas que han decidido apoyar a Morena, con lo que provocó que como un enjambre de avispas se le fueran encima descalificándolo por su sentido discriminatorio y despectivo hacia la población de piel morena, que es la gran mayoría de los mexicanos y que, aunque él reniegue o se burle, es nuestra esencia de color. Lo peor para él es que se ponga negro de coraje, porque por esa imprudencia no nada más pudiera perder el liderazgo del PRI, sino hasta la senaduría plurinominal que cree que ya tiene en la bolsa.

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