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Columnas

Cuestión de debate. Anaya, escudo de AMLO

amlo y anayaMucho antes de que diera inicio el proceso electoral actual, algunos analistas políticos avizoraban que la contienda presidencial se iría configurando en la competencia de tres fuerzas políticas, Morena, PAN y PRI, es decir, con anticipación estaban  convencidos que se llegaría al día de las elecciones en tercios. Sin embargo, a cuatro meses de que ocurran los comicios para presidente de la República, todo indica que esa apreciación, hoy por hoy, es totalmente insostenible, es rotundamente equivocada.

Esto es, según los datos actuales registrados por encuestadoras, el candidato de Morena, Andrés Manuel López Obrador, se ha consolidado en un primer lugar, aventajando al segundo lugar, que corresponde al candidato del PAN, Ricardo Anaya, entre un ocho a diez puntos porcentuales, y al candidato del PRI, que se encuentra ubicado en un lejano tercer lugar, al llevarle una delantera de 18 a 20 puntos, por lo que con esas marcadas diferencias no se puede llegar en tercios.

En esa razón, la percepción ahora ha cambiado, en el sentido de que la contienda se centrará únicamente entre la competencia de dos candidatos.  El puntero de Morena y quien al final logre posicionarse en el segundo lugar, sea del PAN o del PRI.  Es por eso que en los últimos días estamos presenciando con indignación y vergüenza, cómo entre estos dos partidos se ha entablado una guerra feroz, de una intensidad brutal, destructiva y a muerte, luchando por la supervivencia política. Un PRI que se muestra como una fiera herida, que se siente al borde del precipicio y  a un PAN que no puede ocultar su pasado negro. Para esto el priismo está usando los métodos mas perversos y sucios con los que se le va al cuello al panista Anaya, al sacarle a flote, como si fuera bazofia, todo el historial de corruptelas en que, supuestamente, se encuentra envuelto, de pies a cabeza, el llamado joven maravilla.

Lo acusan de lavado de dinero y de tener prestanombres de sus bienes multimillonarios. De haber recibido dádivas económicas también multimillonarias, los llamados “moches”, ello cuando fungió como Presidente de la Cámara de Diputados, en claro aprovechamiento y abuso del alto cargo que detentaba. Riquezas inmensas amasadas en el corto tiempo que solo corruptos lo pueden lograr. Pero que tampoco Anaya ha tenido muchas opciones de defensa ni de justificación de sus presuntas anomalías, porque no ha podido desvirtuar los actos de corrupción de que se le acusa. Con toda esta artillería de estiércol, el PRI pretende desplazarlo del segundo lugar de preferencias electorales en que hoy se encuentra, porque este partido sabe que de no remontar lo antes posible a ese lugar, su derrota estará más que anunciada.

Pero como también dicen, Anaya no está manco, y ha devuelto los obuses bien cargados de cochambre e inmundicia pestilente en contra del priista, José Antonio Meade, a quien señala de desviación de recursos cuando estuvo a cargo de la Secretaría de Desarrollo Social, y de Hacienda. Aunque los señalamientos son en el sentido de haber consentido diversos actos de corrupción. Sí, en Sedesol, se hizo el de la vista gorda, es decir, el que no vio nada del cochinero que le dejó su antecesora, Rosario Robles, hasta ahora que se hace público por la Auditoría Superior de la Federación, en donde se detectaron faltantes supermillonarios en esa dependencia, que solo un ciego o el que es cómplice no quiso ver. Asimismo, se le señala que fue consentidor o tapadera de las triangulaciones de recursos económicos millonarios que salían de la Secretaría de Hacienda al Estado de Chihuahua, para luego finalmente destinarlos al PRI, que en franca violación a las leyes los utilizó para las campañas electorales del 2015. Aquí cabe recordarle al candidato priista, que esas omisiones no lo eximen de responsabilidad, porque bien dice el dichos popular que tanto es culpable el que “mata la vaca, como el que le agarra la pata”. Así que Meade no se puede dar baños de pureza, ya  innegablemente está inmerso en la corrupción.

Con todo ello, resulta muy clara la estrategia sucia del PRI, que primero quiere dar el caballazo a los panistas para situarse en el segundo lugar de preferencias electorales, y luego emprender otra nueva guerra sucia, la guerra de todas las guerras, una verdadera casería encarnizada, sin misericordia alguna en contra de AMLO, con difamaciones, sin ningún recato y con toda la porquería que esté a su alcance, como con encuestas falsas, al cabo que su tesis maquiavélica siempre ha sido la que señala que, “el fin justifica los medios”.

Sin embargo, va a ser muy difícil, casi imposible que el PRI desplace del segundo lugar de preferencias electorales al candidato presidencial panista, porque aun cuando se le compruebe o se sospeche que verdaderamente sí ha incurrido en actos de corrupción, quien resulta ser el acusador es el priismo, un partido que pasa por una crisis enorme precisamente por su sello de corrupción que es imborrable. Un partido desacreditado ante la sociedad, que actualmente carga con un lastre de gobierno ineficaz, señalado de podredumbre por donde se le quiera ver. Menos quitarán de ese segundo lugar a Anaya, porque en época electoral lo peor que se puede hacer es utilizar facciosamente a la PGR  para derribar del camino a un candidato competidor, como lo están intentando con el panista. Una  torpeza.

No lo desplazarán, pero lo que si es factible que logren los priistas, es que tampoco Anaya tenga avances en ese segundo lugar, porque el electorado no lo estaría premiando por presuntas corruptelas. Es decir, el efecto de  esa guerra sucia es que provocará que se estanque en los puntos porcentuales en que actualmente se encuentra. Desde luego que AMLO, que está situado en el primer lugar de las preferencias electorales, no estará a salvo de los embates de este método sucio de campaña priista, pero que sí no pueden mover al segundo lugar, menos moverán al primer lugar que está más lejano, por lo que se advierte que Anaya sería una especie de escudo para que los misiles de lodo no hagan blanco en AMLO. Lo veremos. 

Pálida tinta: ¿Será que el gran escritor, Mario Vargas Llosa, prefiere la dictadura perfecta que un cambio democrático en nuestro país? Vaya, mejor que su mente brillante y fecunda nos siga regalando novelas y se aparte de lo político, que no ha sido lo suyo. Su fracaso en este ámbito fue estruendoso, así quedó demostrado, ya que cuando se le ocurrió ser presidente del Perú, su país de origen, el electorado, de forma rotunda, simplemente le dio la espalda. Por tanto, zapatero a tus zapatos, y dejar que México vote en libertad, sin intromisiones ni conservadurismos, y menos con ideas contradictorias.

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